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Todo en la vida es cine

Música

Boig per tu

Para todos aquellos que me dieron a conocer esta canción, grabada en 1990, se trata de una de las canciones de amor más bonitas jamás escritas. Casi todas las parejas catalanas se la cantan al oído cuando están solos y la bailan emocionados bien juntos cuando la escuchan. Discrepo, no es la mejor canción de amor.

Realmente es una canción maravillosa, preciosa, pero es una canción de desamor. Es una canción en la que Carles Sabater descarga toda su frustación porque ella no le quiere, ella no le corresponde y no se le acerca. Carles habla de la Luna, de la Gran Dama de la Noche, pero cualquiera de nosotros podemos pensar en un ejemplo más mundano. Todos hemos tenido a esa chiquita que nos ha vuelto loco pero que conforme más cerca estaba de nosotros se iba alejando poco a poco. En Boig per tu he encontrado muchos días el desahogo o las palabras que necesitaba para entender por qué estaban pasando cosas que pensé que nunca me podrían pasar. Boig per tu me ha ayudado a darme cuenta de que Napoleón no tuvo tan sólo Austerlitz, sino que todo acabó con Waterloo, algo que creyó que nunca le ocurriría. Porque las relaciones con las mujeres son como la guerra. Si tienes suerte, alguna vez disfrutarás de días como Austerlitz o Cannae, la mayoría de los casos te conformarás con Waterloo o Zama y como Napoleón o Hanibal te retirarás desolado y creyendo que ya nada tiene sentido, pensando que eres el mayor desgraciado de la historia. Y en ese momento escucharás esta maravillosa canción con la que te sentirás identificado en tu desamor y te ayudará, poco a poco, a darte cuenta que alguna vez en la vida alguiene te dirá que está Boig per tu. Y aquel día, que dicen los sabios de la tribu cuando nos juntamos alrededor de las hogueras que existe, tendrás que buscar otra banda sonora para tu vida. Hasta entonces, tendrás cerca la más bella canción de desamor jamás escrita...

Mi lengua no es el catalán y nunca lo he estudiado, mis conocimientos son de escucharlo mucho, así que la traducción que pongo aquí tendrá errores. Quién lea ésto y sea catalanoparlante, que sepa perdonarme.

En la tierra húmeda he escrito
niña, estoy loco por tí,
me paso los días
esperando la noche.

Como te puedo querer
si de mi estás tan lejos; 
servil y acabado
loco por ti. 

Sé muy bien que dese este bar
no puedo ir a dónde estás tú,
pero dentro de mi copa veo
reflejada tu luz, me la beberé;
servil y acabado, loco por tí. 

Cuando te hayas ido por la mañana, 
las lágrimas se perderán 
entre la lluvia
que caerá hoy. 

Yo me quedaé atrapado
borracho de esta luz
servil y acabado
loco por ti. 

Sé muy bien que dese este bar
no puedo ir a dónde estás tú,
pero dentro de mi copa veo
reflejada tu luz, me la beberé;
servil y acabado, loco por tí. 

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Veinte de abril

¡Qué típico!, direis. Para el día de hoy la canción con el nombre del día de hoy. Teneis un punto de razón, pero el caso es que por culpe del esguince de tobillo que tengo este fin de semana después de muchos no he salido de casa reposando el tobillo. Y ha resultado agobiante. Me resulta extraño, porque hasta hace unos meses nada me resultaba más agradable que encerrarme en casa con mis series de televisión, mis libros y mis películas. Pero desde que hace seis meses ocurrió (o no ocurrió) lo que pasó necesitó salir de casa, tomar el aire fresco, hacer cosas, para vaciar la mente de paranoias y problemas, o simplemente ocuparla con otras cosas.

La cuestión es que este parón me ha dado para volver la vista atrás, tal y como hacían los Celtas Cortos con su presunta carta, y pensar en aquella niña que provocó el primer gran terremoto en mi vida hace ya 17 años. Como cantaban los Celtas de repente he querido saber qué era de ella y me he puesto a buscar en Google y Facebook para descubrir que es profesora en la Universidad, era (o es) de la dirección de un partido político y que no está en Facebook (aunque no la hubiera intentado añadir como amiga, no creo que se acuerde de quién era yo). Y me ha dado por pensar en que, pese a que cuando nos conocimos no creía en éso, está felizmente casada e incluso con niños..., y en que ni siquiera recordará que hubo un tiempo en el que nuestras vidas se cruzaron. La verdad es que hasta hoy hacía mucho tiempo que no la recordaba y puedo decir que lo hago con cariño. Porque pese a todo lo que pasé debido a aquello, pese a que acabé repitiendo aquel curso porque no podía centrarme en lo que debía, pese a que acentuó hasta límites excesivos mi timidez crónica, en definitiva fue la persona que me hizo despertar, que me hizo querer y sentir por primera vez... Y cuando te das cuentas que has tardado 16 años en volver a sentir lo mismo (aunque haya acabado de la misma mala manera), me doy cuenta de que es una de las personas que pasaran por mi mente en el momento de la muerte.

En fin, que como veis uno también tiene su pasado que surge en ciertas fechas, pero que ya no machaca como en otros tiempos, si no que sirve para seguir adelante e intentar que no tenga que esperar otros 16 años para sentir algo. Aunque éso ya se sabe que nunca se sabe cuándo viene y cuándo se va...

A golpes de corazón

A golpes de corazón

Últimamente no escribo casi nada. El otro día me dijo un amigo que éso era una buena señal. Y la verdad, creo que tiene razón. Hace un mes mi hermano hizo una entrevista a la cantante Conchita dónde le decía que sus canciones suelen tener letras tristes porque cuando está alegre no le apetece sentarse a componer. Creo que a mí me pasa lo mismo con la escritura. Como tengo una timidez extrema y casi patológica, cuando me encuentro mal, me deprimo,..., me encuentro más cómodo desahogándome escribiendo que hablando. Aunque la mayoría de mis textos, como podeis comprobar, sean inconexos y un escupir de ideas sin sentido (como empieza a ser este artículo, por cierto). Por éso, el hecho de que lleve diez días sin escribir por aquí es una buena noticia.

He logrado quitarme de la cabeza todo aquello que me había sumergido en un infierno. Todo aquello que hacía que muchos días no me apeteciera hacer nada más que ahogarme en mi mismo, todo aquello que destrozó mis vacaciones en Berlín, todo aquello que me hacía sentirme más viejo de lo que realmente soy. Ésto no significa que todo aquello que me agobiaba haya desaparecido. Al final mi vida sigue discurriendo por los mismos lugares y con las mismas personas, pero ya no me mata. Todo empezó porque llevo mi vida "a golpes de corazón", sin pensar en las consecuencias, hasta que aquello que ocurre debido a esa forma de hacer las cosas provocó un terremoto en mi vida que la hizo saltar por los aires. Afortunadamente, gracias a mucha gente que me rodea, a cosas que leo en otros blogs y me inspiran,..., he logrado superar esta crisis, y ahora continúo viviendo mi vida a golpes de corazón, hasta que ocurra algo de nuevo. Aunque haya que esperar 16 años de nuevo, porque esta vez no será solo una ilusión y será algo que llenará el huequito de mi vida que siempre ha estado vacío. Hasta entonces, intentaremos escribir con algo de asiduidad y contaros que la vida también puede sonreir y no sólo tiene penas. Y por supuesto, si ocurre, aunque no quiera contarlo, se acabará trasluciendo en mis textos...

My Way (A mi manera)

My Way (A mi manera)

 

Las reglas, las convenciones, la manera de hacer las cosas pocas veces han ido conmigo. Éso me ha llevado a meter la pata de manera más habitual de lo que es normal en un ser humano.

Demasiadas veces me he dejado llevar a golpes de corazón, y una mezcla de todo me ha llevado a los 33 años. Quizás si hubiera llevado mi vida de otra manera... Quizás si me hubiera quedado en París (o no hubiera ido), quizás si no hubiera hecho el cambio que realicé en mi segundo año de facultad, quizás si no hubiera pasado 15 meses en Barcelona, quizás si hubiera dicho algo a las mujeres que se cruzaron en mi vida,...

Pero no es momento de pensar en éso. No me puedo (ni quiero) arrepentir de las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida. Al fin y al cabo sí que puedo decir que, para lo bueno y para lo malo, he llevado la vida a mi manera. He tenido la suerte de que mi familia, mis amigos han sido capaces de comprenderme, de aguantarme cuando estaba perdido, de escucharme o, simplemente, estar.

Ahora, después de un momento crítico, quiero ser como el Ave Fénix, resurgir de las cenizas en las que me había convertido y seguir llevando mi vida a mi manera, apreciando los pequeños momentos que hacen que ésto que nos ha tocado sea muy grande, conociendo a gente que merece muy mucho la pena (y otra que no tanto) y haciendo que otros muchos que creía cercanos se molesten. Pero éso es lo que nos hace humanos, meter la pata con aquellos que nos importa (y los que no tanto), pero siempre con la mejor intención del mundo. Saber que si esa gente te aprecia lo mismo que tú a ellos sabrán perdonarte (aunque no siempre comprenderte).

Ya vale de preocuparse, de agobiarse, de no saber que hacer con tu vida. Ya vale de pensar en lo que pudo haber sido y no fue. Ya vale de lamentarse por oportunidades perdidas. Es el momento de levantarse, de seguir teniendo penas, pero también de saber que las alegrías siempre están ahí y que además quedan muchas por venir.

Y si no, hay que saber que las cosas se hacen a mi manera, para que cuando llegue el momento de la muerte no darnos cuenta que en realidad no hemos vivido...

 

"Ahora que se acerca el final
y tengo ante mí el telón cayendo,
Amigos míos, lo diré claramente,
expondré mi caso, del que estoy convencido.

He vivido una vida plena,
he viajado por todos los caminos,
y más, mucho más que eso,
lo hice todo a mi manera.

Disgustos tuve unos pocos,
pero de nuevo demasiados pocos para mencionarlos.
Hice lo que tenía que hacer
y miré más allá, sin cargos de conciencia.

Planifiqué cada trazo de mi rumbo,
cada cuidadoso paso a lo largo del camino.
Pero más, mucho más que esto,
lo hice a mi manera.

Sí, hubo veces, estoy seguro de que lo sabíais,
en que mordí más de lo que podía masticar.
Pero a pesar de todo, en caso de duda,
me lo tragué y escupí.
Lo afronté todo y mantuve la frente alta,
y lo hice a mi manera.

He amado, he reído y llorado.
He tenido mi plenitud y mi parte de pérdidas.
Y ahora que las lágrimas disminuyen,
me parece todo tan raro…

¡Pensar que hice todo aquello!
Y, debo decirlo, no de forma tímida,
no, yo no,
yo lo hice a mi manera.

¿Para qué sirve un hombre, qué es lo que tiene?
Si no se tiene a sí mismo, entonces no tiene nada.
Ha de decir las cosas que realmente siente
y no las palabras del que se arrodilla.
El registro demuestra que aguanté los golpes,
y lo hice a mi manera."

 

 

Cuando fuimos los mejores

Cuando fuimos los mejores

Continuando con los artículos revival, y como estoy bastante vago a la hora de escribir últimamente, adjunto otro artículo del blog prehistórico perdido de la mano de Dios. Éste fue escrito un 7 de septiembre de 2004. Y ya aparecen algunas de mis obsesiones vitales. Os dejo con él...

"Cuando fuimos los mejores, los bares no se cerraban a la hora señalada", o éso decía la canción. Vamos q uno ya está llegando a unas edades en las q las juergas pasan factura.

Y por qué nos recuerda ésto este girao, os preguntareis. Pos pq el sábado pasado me dio muy mal rollo. Vamos, q nos juntamos para cenar y acabamos hablando de cosas muy extrañas. Ni alcohol, ni mujeres, ni... No sé, de repente a uno se le va la memoria a no muy lejos y se ve saliendo de casa a las 7 de la tarde, creyéndose Dios, dispuesto a comerse el mundo, con una lista de q dinero se va a gastar y en q bebida... y programando un finde de borrachera viernes y sábado (o más si era puente), y se ve ahora cuando uno ya empieza a ser mayor q gran parte de la gente q se encuentra un sábado por la noche, o pasa muy mal las resacas, o ni se plantea la posibilidad de ponerse dos noches seguidas...

En defintiva, q no sé pq me he puesto en este plan, pq aquí sólo quiero echar unas risas y desenmascarar a etsa puta sociedad, pero espero q me sepais perdonar :-p En fin , q la próxima vez sefuiré con el serial sobre los pueblos, q contiene todavía cosas muy jugosas... :-D :-D :-D

Un saludo pa tós,

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La senda del tiempo

La senda del tiempo

"A veces llega un momento en que

te haces viejo de repente

sin arrugas en la frente

pero con ganas de morir.

Paseando por las calles

todo tiene igual color

siento que algo echo en falta

no sé si será el amor"

No sólo respirar

No sólo respirar

 

Cuando dormir se convierte en una pesadilla más que en un placer... Cuando la hora en la que uno tiene que entrar en la cama para descansar es la peor hora del día... Cuando uno quiere trabajar de noche para no tener que luchar contra su mente en la cama... Es en ese momento cuando uno se da cuenta de que tiene un problema.

La ciencia lo dice muy claro, no se puede estar más de cuatro días enteros despierto sin arriesgarte a un colapso. Pero la ciencia no te dice lo que pasa cuando concilias el sueño en espacios de media o una hora o cuando cada cierto tiempo tienes una “noche en blanco”. La ciencia no habla de que estás malhumorado con gente que no tiene ninguna culpa de lo que está pasando, de que en el trabajo tienes problemas porque cuando se te acaba el subidón de adrenalina que te entra por la mañana para conseguir levantarte acabas perdido y sin concentración.

La ciencia en definitiva no te explica por qué extraña razón todo el que te rodea y lleva la misma vida que tú puede dormir habitualmente y tú no. El médico te da una vaga explicación de los turnos de trabajo, pero de algo hay que vivir. Pero cuando engarzas dos o tres semanas con el mismo turno los problemas de sueño continúan. Y encima empiezas a perder peso. En un principio te hace gracia. Pero cuando la pérdida continúa sin parar y te das cuenta de que no has cambiado tus hábitos de alimentación un viso de preocupación pasa por tu mente.

Y la casa se te cae encima. Todo aquello que te había gustado hacer desde que eras más joven sólo provoca que te agobies y pienses en salir corriendo. Te ves un domingo por la tarde saliendo sólo de casa a las cuatro de la tarde con la única intención de evadirte y sólo andas sin rumbo, sin dirección, sin destino. Una metáfora de aquello en lo que se ha convertido tu vida. A veces tus paseos te llevan delante de un cine y entras con la esperanza de que algo te haga olvidar lo que ronda tu cabeza... y a veces lo consigues. Aunque la película acaba y vuelves a dar vueltas sin sentido por una ciudad triste de domingo.

Y lo único que te hace seguir es saber que posiblemente te hayas convertido en alguien arisco, posiblemente hayas perdido la sonrisa y la alegría de vivir, posiblemente ya no creas en nada ni en nadie, pero que no eres tan malo como para que la vida no te dé más que mala suerte y rechazos. Esperas que algún día te echarás en la cama y conciliarás el sueño, algún día las noches en blanco serán un mal sueño, algún día tus jefes no te buscarán la boca y te dejarán trabajar como tú sabes, algún día adelgazarás porque estés haciendo dieta y no porque los nervios y el mal dormir te carcoman.

En definitiva, alguna vez, antes de dejar este lugar, la vida te sonreirá. E igual te hará esperar muchos años, pero éso es lo que te mantiene con vida y con una mínima ilusión por levantarte todos los días.

 

Qué fue aquello

Qué fue aquello

Muchas veces he creído que mi vida no merecía la pena. No es que quisiera no tenerla, porque al fin y al cabo es lo único que tengo, pero sí que me he planteado que no tenía una razón de existencia, un motor que la hiciera evolucionar.

Pero siempre que ocurría éso estaban ellos. Sabía que podía llamar a uno o a otro. Sabía que siempre había alguien al otro lado que estaba dispuesto a escucharme. Podía estar en París, en Barcelona, pero siempre tenía un número telefónico que marcar. Hay quién ha estado aguantando mis desvaríos desde que teníamos 16 años y volvía de clase de francés a las 8 de la tarde. Hay quién llegó más tarde, pero que iba a las estaciones de trenes cuando uno volvía derrotado de alguna de sus experiencias. Hay quién siempre está dispuesto a dar un consejo por mail, aunque nos conociéramos mucho más adelante. Hay quién, en fin, pese a que piensa que su vida no va bien, la lleva maś encaminada que muchos de los demás y siempre tiene un consejo a mano.

Cinco personajes aparentemente incompatibles, que han tenido sus problemas entre sí, que muchas veces no se entienden, que pasan épocas en que se olvidan los unos de los otros... pero que siempre, siempre, ante la llamada de auxilio de uno, o simplemente de alegría, reaccionan a una para aparecer dónde sea, cómo sea y cuándo sea.

No sé que me deparará el futuro, no sé si la soledad que impregna mi vida será eterna, lo único que sí que sé es que cuando necesite un hombro en el que desahogarme, un oído al que gritar o alguien al que gritar a los cuatro vientos que una mujer parece que me quiere, lo tendré. Porque sé que siempre, pase lo que pase, habrá cuatro personas dispuestas a estar conmigo. En lo bueno y en lo malo. Y por éso mi vida merece la pena.

Gracias por estar ahí. Gracias por todo lo que hemos pasado... y lo que nos queda!!!

 

“Ellos son en verdad lo mejor que hay en mí
Porque fueron y son, lo que soy y lo que fui.” TONTXU

 

Tarde de domingo rara

Tarde de domingo rara

Las tardes de domingo comienzan todas igual. Tras haberte levantado tarde (la mayor parte de las veces) comes con desgana y te dejas caer sobre tu cama o el sofá sin saber que hacer, aunque ya sin la resaca de cuando eras más joven (la mayoría de los días). Algunas veces sólo puedes pensar en el trabajo que te espera al día siguiente (o esa noche). Pero la mayor parte de las tardes son tardes de melancolía. Por alguan razón que no entiendo las tardes de domingo me entristecen. Le das vueltas al pasado, cercano o lejano, le das vueltas a las oportunidades que tuviste y no aprovechaste, o a las que no tuviste. Te da por ponerte melancólico: no escuchas “Sweet child o’mine” o “Vertigo”, prefieres “Boig per tu” o “Agua”. No ves “Californication” o “Gladiator”, te tragas “Antes del atardecer” o “Los amantes del círculo polar”.

Hubo una época en que las tardes de domingo servían para algo. Bajabas a la calle a jugar, a correr o simplemente a charlar con otros mocosos como tú. Ahora, con cierta edad, ya sólo están para, si hay suerte, coleccionar cafés desastrosos con mujeres que dejamos de amar o que prefieren chicos malos para soñar. Y la mayoría ni para éso.

Las tardes de domingo son un incordio cuando ya ni siquiera el fútbol nos interesa. Pero algún día llegará la tarde y entonces...

 

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